En el 2016 un agente secreto de la CIA en La Habana reportó síntomas como fuertes dolores de cabeza, náusea, mareos, vista borrosa, pérdida auditiva, irritabilidad, dificultad para dormir y pérdida de la memoria. A raíz de eso, hasta la fecha más de doscientos agentes secretos y diplomáticos estadounidenses operando en diversos países como Rusia, China, Austria, Australia, Colombia y Vietnam han reportado síntomas similares, además de escuchar sonidos extraños como de grillos. La mayoría de ellos están convencidos de que han sido víctimas de invisibles ataques secretos con microondas, y que sus síntomas son consecuencia de daños neurológicos causados por dichos ataques. Una diplomática lo describe como una mano invisible que le impide moverse.
Después de extensas investigaciones y estudios neurológicos, aún no se ha logrado encontrar evidencia médica que pruebe un ataque y los científicos más bien sospechan que se trata de una especie de histeria colectiva. Es decir, de una causa psicogénica: enfermedad o trastorno producido por factores psicológicos o emocionales. Otras teorías apuntan a los altos niveles de radiación electromagnética en el mundo contemporáneo, o a una combinación de ambas. A este fenómeno se le ha denominado “Síndrome de La Habana”, en referencia al primer caso.
La mano invisible alude a los altos niveles de ansiedad, incertidumbre, vulnerabilidad y paranoia causados por las múltiples crisis de nuestra era.
Esta pieza se mostró por primera vez en la XIV Bienal de La Habana en 2022.